Nace Contrabandiers, una «trail running» y MTB que cruzará a 2.500 metros de altura los Pirineos entre el Sobrarbe y Saint Lary-Soulan el 1 y 2 de octubre

Los contrabandistas inundan la Zona Zero

El contrabando, como casi todo, tiene sus escalas, sus épocas y sus relatos. Desde el sinvergüenza sin escrúpulos que trafica a gran escala hasta el perillán que se busca las castañas del fuego para sacar adelante su familia ante la escasez de todo. Sí, ambas dimensiones existían en los tiempos crudos del inicio del franquismo. Mi padre, que se estrenó como guardia civil en Elizondo, el centro de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo, nos contaba (dentro de una discreción digna del chiste del monje que tenía derecho a dos palabras por año) que se incautaba de tesoros provenientes de Francia que eran entregados inmediatamente a la comandancia, pero que en otras ocasiones silbaban y miraban para otro lado. Les daban pena. He conocido muchos casos de esa necesidad. Mi suegro, sin ir más lejos, era cazador espectacular -nunca furtivo- y contaba sus capturas por zapatos. Con cuatro conejos, un par para una hija. Había que multiplicar de cuatro en cuatro. Tiene tal potencia narrativa el Pirineo que Ildefonso García-Serena explica los grandes servicios a las personas en plena guerra civil de los contrabandistas del Sobrarbe que acompañaban a las mujeres al encuentro de su marido, ya en Francia. El contrabando está más lleno de lírica que de épica, aunque ésta también es integrante novelístico del fenómeno.

No me parece que Zona Zero sea la nieve del Sobrarbe. Los mantos nevados proceden del cielo. La obra de arte (en el sentido amplio de Foucault, ajeno a la materialidad) de los sobrarbenses surge de la tierra, de picar en los senderos y de crear. En toda su dimensión. De la nada, un prodigio. Del sueño, una idea; de la idea, una acción; de la acción, un hábito; del hábito, una cultura. E, implantada la cultura, vuelta a crear. Sin límites para la imaginación. Es la voluntad, amigos.

El complejo natural que ha edificado esta iniciativa privada convenientemente complementada por las administraciones más cercanas ha conquistado el favor, como mínimo, europeo. La reputación, el tesoro de hoy. Es como, si en el Cinca y en el Ara, esta civilización condal entre ríos hubiera impregnado la mentalidad colectiva de ese chip que les lleva a la embarcación y todos reman a una.

No hay éxito sin audacia, sin riesgo. Hoy mismo, el intrépido Rafa Bergua me envía la última invención de Zona Zero, Contrabandiers, una prueba de «trail running» y MTB en alta montaña con un recorrido exuberante entre los Pirineos franceses y españoles. Equipos de dos o cuatro personas que el 1 y el 2 de octubre recorrerán antiguos caminos y collados que fueron utilizados por contrabandistas, comerciantes y habitantes del Sobrarbe y los valles de Aure y Louron.

En esta peripecia, a la que sólo falta el acecho de los agentes del orden (en este caso, sin embargo, serán aliados imprescindibles), cruzarán la cordillera a más de 2.500 metros para completar un centenar de kilómetros entre Saint-Lary Soulan y Boltaña, y con el botín gastronómico y de descanso reparador la jornada siguiente partirá de Aínsa a Saint Lary-Soulan en mutua correspondencia. Dividido cada día en cuatro tramos cronometrados con un participante de cada equipo, la estrategia será fundamental para ser los más rápidos. Y los más rápidos, ya se sabe, se llevan la mejor recompensa.