Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Las Catilinarias de Cicerón son un chollo para cualquier artículo, comentario o conversación, aunque quizás esta frase ante el traidor Catilina en su conspiración mendaz sea la más celebrada. ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia? La democracia tiene una grandeza que en ocasiones nos puede llegar a enojar, y es que permite la libertad de expresión -casi- hasta el extremo. Por la capacidad incluso de nuestros adversarios debiéramos ser capaces de soportar todo, porque está en la genética del Estado de Derecho… con límites.

Y, sin embargo, en nuestra propia libertad de expresión y de manifestación encontramos los argumentos para replicar a nuestros rivales ideológicos, si es que los tuviéramos, o a aquellos con los que simplemente estamos confrontados por una defensa elemental de la ética, de la convivencia, de la tolerancia y del respeto. La contaminación lumínica en los picos de nuestro Pirineo por parte de tres entidades concebidas para el enfrentamiento, Gure Esku Dago, ANC y Ómnium Cultural, me han traído a la cabeza el retorno de Manuel Irujo a España en la Transición. Manuel Irujo, cuya tumba es reconocible por los espasmos cada vez que alguien lee ante la losa mortuoria la Wikipedia con su definición de «político y abogado español», fue incluso ministro en la Segunda República, uno de los referentes del PNV. Los líderes del PNV se sienten concernidos por el espíritu de Sabino Arana y, consecuentemente, se obligan a soltar la más gorda que les viene a la cabeza, así, a lo bestia, sin pensar, como si se hubieran bebido una docena de pacharanes consecutivos (interpretación, por cierto, muy plausible para sus excesos verbales). Bien es cierto que el pobre de Sabino, a quien ni Dios ni Aitor le dieron demasiadas luces, apenas llegaba más allá de reducir a los vascos al gentilicio de vizcaínos y su supremacismo racista apenas aguantaba un par de asaltos dialécticos. Irujo, ya octogenario, propugnó que, en realidad, incluso Cartagena era Euskadi en atención a sus vicisitudes históricas. No recuerdo las reacciones, supongo que Arzallus lo creería. En el caso de Cataluña, Rafael Casanova, que allí por 1714 era una persona preparada cuyo pensamiento para nada coincide con una mitología espuria, contemplaría esas luminarias con estupefacción.

Las hordas primitivas de Gure Esku Dago, ANC y Ómnium Cultural enchufaron el sábado sus artefactos (están muy acostumbrados a esta expresión) pletóricos de lúmenes para propiciar la mayor contaminación visual jamás padecida por el Pirineo altoaragonés

En aquella época de la Transición, teníamos la mente más despejada, con menos polución. Así como el saber no ocupa lugar, he descubierto que las insensateces sí lo hacen y taponan la visión de los horizontes. No nos caben ya casi más tonterías en este tablero nacional. Quien no resulta estrafalario en su expresión, es que no es nadie. Quien no comete una tropelía, es un ordinario. El sábado, las hordas primitivas de Gure Esku Dago, ANC y Ómnium Cultural enchufaron sus artefactos (están muy acostumbrados a esta expresión) pletóricos de lúmenes para propiciar la mayor contaminación visual jamás padecida por el Pirineo altoaragonés. Con esa luz que son tinieblas mentales, reivindicaron el derecho de autodeterminación de sus «pueblos» invadiendo otro «pueblo», el aragonés, que tiene clara su autodeterminación española amparada en una historia, ésta sí, fehaciente y constructiva. Es un imperialismo -así llamábamos los navarros, Navarra siempre p’alante se hunda el mundo o no- pueblerino, propio de mentes cortas, como si hubieran pasado por las manos de la tribu «reducecabezas». Propio de exconvictos (Otegi, Cuixart y otras perlas) sin arrepentimiento, de personas que traicionan incluso sus propias aptitudes intelectivas. Y, lo que es peor, separatistas del genero humano, de la razón, de la bondad y de la ilustración.

Contaminación lumínica e imperialismo pueblerino

Aunque coincido plenamente con la definición del acto por el presidente Lambán («repugnante») y el enfado de un grupo de wasap que comparto de grandes montañeros y amantes de la montaña, que hace meses alertaron de esta imbecilidad con manifestaciones de impotencia, a mí me parece que dejarles que lleguen a una tierra abierta y hasta lo más alto de esos picos tan aragoneses (algunos con toponimia del País Vasco o de Cataluña, probablemente en muchos casos ibera por contextualizar a lo hondo de los tiempos) les coloca ante el espejo de la retratería en la que el desnudo les deja con todas sus vergüenzas al aire. Quizás es lo ideal si, en un ejercicio honradez intelectual, alguien se da cuenta de que Ortega Lara o Miguel Ángel Blanco no son unos ectoplasmas y de que el 1 de octubre catalán fue un auténtico golpe contra el Estado… Aunque el Estado, cuando es democrático, nunca se deja retorcer el brazo. Como Cicerón.